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¿Por qué la gente no es constante en el ejercicio? Y eso que ni si quiera hemos hablado de disciplina

  • 5 abr
  • 2 Min. de lectura

Todos quieren sentirse bien.

Verse mejor.

Tener más energía.

Sentirse fuertes, seguros, imparables.


Entonces, si todos queremos eso… ¿por qué es tan difícil mantenernos constantes con el ejercicio?


La realidad es que no siempre se trata de falta de ganas.


Muchas veces, la gente empieza desde la emoción y no desde el compromiso.


Llega el lunes, empieza el mes, empieza un viaje nuevo, y de repente aparece esa versión de nosotros que dice: “ahora sí, voy con todo”.

Reservamos la clase, compramos ropa nueva, nos tomamos la foto del inicio y entramos con toda la motivación.


Pero la motivación dura poco.


Dura mientras todo se siente emocionante.

Mientras el cuerpo responde rápido.

Mientras ir a entrenar se siente fácil.


El verdadero reto empieza cuando llega el día pesado.


El día en el que el trabajo te drenó.

El día en el que no dormiste bien.

El día en el que tu mente te dice que mejor mañana.


Es ahí donde la mayoría se detiene.


Como coach de SICLO, lo veo todo el tiempo: no es que la gente no quiera cambiar, es que muchas veces esperan resultados inmediatos y cuando no llegan tan rápido, se desconectan del proceso.


Quieren ver cambios físicos antes de enamorarse de cómo se sienten.


Y ahí está el error.


Porque el ejercicio no debería empezar por el espejo, sino por cómo te transforma por dentro.


La energía con la que sales de una rodada.

La claridad mental después de sudar.

La confianza que construyes cada vez que te presentas por ti.


La constancia no nace de amar cada entrenamiento.


Nace de entender que no todos los días vas a querer ir, pero aún así eliges presentarte.


Y eso ni siquiera es disciplina todavía.


La disciplina empieza cuando ya no hay emoción.

Cuando nadie te está viendo.

Cuando no hay historia para subir.

Cuando simplemente decides hacerlo porque sabes quién quieres llegar a ser.


No se trata de hacerlo perfecto.


Se trata de volver.

Volver después de faltar.

Volver después de perder ritmo.

Volver incluso cuando sientes que “ya la regaste”.


Porque al final, no cambia tu cuerpo una sola clase increíble.


Te cambia la suma de todas las veces que elegiste no rendirte.

 
 
 

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